Variaciones en un gen y en una proteína agravan el pronóstico del tumor gástrico más común

Niveles bajos en plasma de la proteína TGF beta1 y polimorfismos en el gen TGFB1 actúan como biomarcadores del pronóstico de adenocarcinoma gástrico, según una investigación liderada por la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

En concreto, estas variantes son un 12% más frecuentes en los pacientes con tumores metastásicos, “lo que denota su importancia en la evolución clínica de esta enfermedad”, destaca José Manuel Martín Villa, Catedrático de Inmunología e investigador del Departamento de Inmunología, Oftalmología y ORL de la UCM.

Además de determinar los pacientes con peor progresión y alta mortalidad, estos marcadores también identificarían individuos con riesgo a padecer este tumor de estómago.

El hallazgo, publicado en Journal of Cellular and Molecular Medicine, “permitirá establecer pautas terapéuticas más adecuadas o novedosas”, según Martín Villa.

Además de la UCM, en el estudio participan el Servicio de Cirugía Digestiva del Hospital Universitario Príncipe de Asturias (Alcalá de Henares, Comunidad de Madrid) y el Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón (Madrid).

Posibilidad de extrapolar los datos

Sobre el marcador serológico detectado, Martín Villa explica que “el papel de la proteína TGF beta1 en la evolución del cáncer, modulando la respuesta inmunitaria es controvertido. Sin embargo, estos datos indican que esta citoquina tiene un efecto directo en la patología, pues su ausencia provoca que estos tumores se malignicen y sean más invasivos, agravando la patología de los pacientes”.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores obtuvieron material genético de una población española y determinaron las variantes empleando técnicas de biología molecular.

Los pacientes se estratificaron en función de criterios internacionalmente establecidos de estadios de la enfermedad (del I al IV). Se emplearon abordajes estadísticos para determinar la asociación de estos marcadores genéticos con el desarrollo y evolución de la enfermedad.

“Este estudio se realizó a lo largo de 5 años, lo que ha permitido también asociar estas variantes genéticas con la supervivencia de los pacientes a medio plazo”, añade Martín Villa quien, además, deja la puerta abierta a que los marcadores genético y serológico identificados estén también involucrados en otros tumores como el cáncer colorrectal.

Fuente: DICYT 

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