Salud en 2025: entre avances visibles e importantes retos persistentes

Durante el año 2025, la República Dominicana evidenció avances significativos en salud pública, reflejados en la reducción de enfermedades de alto impacto, entre ellas el registro de cero muertes por dengue, así como en el fortalecimiento del primer nivel de atención mediante la implementación del modelo HEARTS.

A estos logros se suman resultados positivos en la respuesta al VIH, la tuberculosis y la malaria, contribuyendo a la consolidación de un sistema de salud con mayor énfasis en la prevención, la equidad y la eficiencia, en beneficio de la población.

Sin embargo, en contraste con estos progresos, el balance del 2025 también expone debilidades estructurales del sistema de salud, especialmente en lo relativo al recurso humano. La falta de respuestas a las demandas del personal de enfermería, la persistencia de salarios insuficientes, el déficit de profesionales y la sobrecarga laboral evidencian una brecha entre la inversión en infraestructura sanitaria y la atención a las condiciones laborales de quienes sostienen los servicios de salud.

En este contexto, el sector de enfermería continúa sin ver materializadas sus principales reivindicaciones, como la mejora salarial, la reclasificación y el nombramiento de enfermeras, técnicos y auxiliares, así como la reducción de la sobrecarga laboral derivada del déficit de recursos humanos. Pese a la expansión de la red hospitalaria, no se han creado las condiciones necesarias para garantizar un ejercicio digno de la profesión, persistiendo bajos salarios, limitado reconocimiento institucional y la ausencia de respuestas concretas por parte de las autoridades, lo que mantiene al gremio en un clima de preocupación e incertidumbre.

El Primer Censo de Recursos Humanos en Salud confirma estas deficiencias al revelar que la densidad de personal de enfermería se mantiene por debajo de los estándares recomendados, además de evidenciar una marcada concentración del recurso humano en la región Ozama y el Distrito Nacional, en detrimento de provincias como Pedernales y Elías Piña. Esta distribución desigual subraya la necesidad urgente de fortalecer la formación, contratación, retención y asignación equitativa del personal sanitario para garantizar el acceso oportuno y de calidad a los servicios de salud en todo el territorio nacional.

Frente a estos señalamientos, el Servicio Nacional de Salud (SNS) sostiene que la Red Pública de Servicios de Salud cuenta con la dotación necesaria de enfermeras y enfermeros para asegurar la continuidad y calidad de la atención, indicando que dispone de más de 20,000 colaboradores en el área, distribuidos entre hospitales, unidades de cuidados intensivos, el Primer Nivel de Atención y otros servicios especializados, conforme a los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Por otro lado, el embarazo en adolescentes continúa siendo un desafío prioritario de salud pública. Datos preliminares de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) correspondientes al segundo trimestre de 2025 indican el registro de 7,035 embarazos en adolescentes, cifra que, aunque muestra una ligera disminución, sigue siendo elevada. De estos casos, el 5.13 % corresponde a niñas menores de 15 años, evidenciando la persistencia de embarazos en edades altamente vulnerables, mientras que el 94.87 % se concentró en adolescentes de 15 a 19 años.

De igual forma, pese a las mejoras en la atención materno-infantil, las muertes maternas y neonatales continúan representando un reto significativo. Hasta la semana epidemiológica 51 de 2025 se notificaron 174 muertes maternas a nivel nacional, mientras que la mortalidad infantil alcanzó 1,789 fallecimientos de menores de un año.

En este escenario, los desafíos pendientes en la Atención Primaria y la medicina familiar y comunitaria adquieren especial relevancia, ya que su fortalecimiento resulta clave para responder de manera integral a problemáticas como la salud materno-infantil, el embarazo adolescente y la gestión efectiva del recurso humano.

Persisten tareas fundamentales como la integración real de la medicina familiar en las reformas del sector salud, el diálogo sostenido con el Ministerio de Salud Pública, la creación de mayores oportunidades laborales para evitar la subutilización de estos especialistas y el fortalecimiento de su reconocimiento académico e institucional, elementos esenciales para consolidar un primer nivel de atención sólido, accesible y centrado en las personas y las comunidades.

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