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Resaltan rol de la comunicación para mejorar calidad de vida de pacientes con cáncer

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) pronostica más de 35 millones de nuevos casos de cáncer para el año 2050, un aumento del 77% con respecto a los 20 millones de casos del 2022. Aunque el tratamiento de la mayoría de ellos ya se puede anticipar gracias a la innovación, la comunicación también juega un papel fundamental a la hora de conseguir un diagnóstico temprano, ampliar la información y lograr acceso a tratamientos de forma más rápida. En definitiva, contribuye a mejorar la calidad de vida de los pacientes.

El informe “La sangre también enferma”, elaborado por LLYC, se centra en los cánceres hematológicos como la leucemia, el linfoma y el mieloma. Suelen ser complicados y con síntomas que tardan en aparecer, por lo que el diagnóstico es tardío y el pronóstico para el paciente puede ser muy negativo. A pesar de que la investigación y el desarrollo de nuevas terapias innovadoras es sorprendente, con más y mejores medicamentos, se hace necesario:

1. Más relacionamiento. Es urgente un diálogo abierto y continuo entre gobiernos y empresas para que los medicamentos innovadores lleguen lo más rápido posible a los pacientes que lo requieren. Quienes desarrollan políticas públicas en salud tienen que identificar el rol, la relevancia y establecer los requerimientos para lograr un sistema que realmente beneficie al paciente.

2. Mejorar la narrativa. Los organismos internacionales recomiendan diseñar campañas de comunicación que sensibilicen sobre los cánceres de sangre para mejorar el diagnóstico y que los pacientes puedan tener un mejor pronóstico. 

3. Utilizar las nuevas tecnologías. Representan una gran oportunidad para que las empresas del sector salud puedan vincularse mejor con sus audiencias. Ahora, gracias a expertos de marketing basado en datos, es posible conocer insights de pacientes y prescriptores que permiten una mejor toma de decisiones y un mayor conocimiento de los desafíos a los que se enfrentan.  

“El gran desafío que enfrentamos con las tecnologías y medicamentos innovadores sigue siendo el acceso a estos por la mayoría de los pacientes. Un medicamento innovador suele tardar más de cuatro años, desde su aprobación por la FDA, la agencia regulatoria estadounidense, o la EMA, la agencia europea del medicamento, hasta su revisión por otras agencias regulatorias en diferentes países en vías de desarrollo. Este retraso puede significar la vida o muerte para quienes padecen este tipo de enfermedades. El papel de la comunicación es clave. Más información permite mejorar el diagnóstico y la calidad de vida de los pacientes”, expresó Georgina Rosell, Socia y Directora Senior de Healthcare Europa de LLYC.

La falta de conciencia de la sociedad sobre la importancia de realizar pruebas anuales básicas de laboratorio y la falta de una derivación adecuada después de la consulta con el médico general o de atención primaria son algunos de los principales desafíos para lograr un diagnóstico temprano en relación con las enfermedades sanguíneas.

La cirugía, la radioterapia y la quimioterapia constituyen la base del enfoque terapéutico en el tratamiento del cáncer. Sin embargo, en los últimos años, ha habido esfuerzos para mejorar la experiencia del paciente con tratamientos con menos efectos secundarios, y gracias a la medicina genética, es posible adaptar el tratamiento al perfil de cada paciente. La medicina personalizada ha permitido tratamientos más avanzados, como la inmunoterapia o la terapia CAR-T.

De acuerdo a  PHARMA (The Pharmaceutical Research and Manufacturers of America), en este momento  hay más de 500 medicamentos en desarrollo para los trastornos sanguíneos y de la coagulación, incluidos los cánceres de la sangre. De estos, 162 son para linfomas, 158 para varios tipos de leucemia, 84 para mieloma múltiple y 73 para neoplasias malignas. 

En una investigación desarrollada por el equipo de global de Healthcare de LLYC, ahora mismo son 32 los nuevos medicamentos ya sometidos para aprobación a la autoridad regulatoria, 5 para leucemia, 20 para linfomas y 8 para mieloma múltiple, lo que significa que, en muy poco tiempo, los especialistas podrán contar con nuevas terapias para ayudar a más pacientes.

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