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Medicina con rostro humano: volver al centro, volver a la persona

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Introducción

Dr. B. Dagoberto Güílamo

Geriatra – Internista

En los últimos años se ha popularizado el término “medicina con rostro humano”. Sin embargo, su uso frecuente no siempre se acompaña de una comprensión profunda de su verdadero significado. Más que un eslogan, la medicina con rostro humano representa un modelo de atención centrado en la persona, donde el paciente es reconocido en su totalidad: biológica, psicológica, social, funcional y espiritual.

Este enfoque adquiere una relevancia especial en el contexto actual, caracterizado por el envejecimiento poblacional, la alta prevalencia de enfermedades crónicas, la multimorbilidad, la polifarmacia y el incremento de pacientes con necesidades paliativas.

Humanizar la medicina no implica renunciar al rigor científico; por el contrario, exige integrar la mejor evidencia disponible con valores éticos, comunicación efectiva y respeto por la dignidad humana.

¿Qué significa practicar una medicina con rostro humano?

Practicar una medicina con rostro humano supone trascender la visión reduccionista centrada exclusivamente en la enfermedad. Implica reconocer que cada paciente posee una historia, expectativas, temores y prioridades propias.

Este modelo se sustenta en varios pilares:

Diversos autores han demostrado que la atención centrada en la persona mejora la satisfacción del paciente, la adherencia terapéutica y los resultados clínicos, especialmente en poblaciones con multimorbilidad (1,2).

Enfermedades crónicas, multimorbilidad y polifarmacia: el gran reto de la humanización

El paciente contemporáneo, particularmente el adulto mayor, rara vez presenta una sola patología. La coexistencia de múltiples enfermedades crónicas genera planes terapéuticos complejos y una elevada carga de tratamiento.

La polifarmacia, entendida como el uso simultáneo de múltiples medicamentos, se asocia a mayor riesgo de efectos adversos, interacciones, caídas, deterioro cognitivo y hospitalizaciones.

Abordar este escenario con rostro humano implica:

Recientemente se ha propuesto considerar la polifarmacia como una condición crónica en sí misma, que requiere seguimiento estructurado y decisiones centradas en la persona (3).

El rol de la familia en la medicina con rostro humano: acompañar, no sustituir el criterio clínico

La familia constituye uno de los pilares fundamentales en la atención del paciente, especialmente en adultos mayores y personas con enfermedades crónicas o terminales. Su participación activa puede ser una poderosa fuerza de apoyo, contención emocional y vigilancia de cuidados. Sin embargo, en el contexto actual de sobreinformación digital, también puede convertirse en un factor generador de confusión, expectativas irreales y presión sobre las decisiones médicas.

El acceso masivo a redes sociales, buscadores y plataformas de divulgación ha creado un entorno donde abundan publicaciones que prometen curas milagrosas, terapias “revolucionarias” y soluciones simples para enfermedades complejas. Muchas de estas informaciones carecen de sustento científico, pero son presentadas de forma atractiva y persuasiva.

Como consecuencia, algunos familiares llegan a las consultas solicitando estudios innecesarios, tratamientos sin indicación o intervenciones desproporcionadas, no basados en evidencia, sino en contenidos virales. Este fenómeno, lejos de humanizar la atención, puede conducir a:

La medicina con rostro humano reconoce la importancia de escuchar a la familia, validar sus temores y ofrecer información clara, honesta y comprensible. Pero también establece límites éticos y científicos. Acompañar no significa complacer toda solicitud, sino orientar con responsabilidad.

La verdadera participación familiar implica comprender la situación clínica real, aceptar los límites de la medicina y colaborar en la toma de decisiones centradas en los valores y el bienestar del paciente, no en expectativas irreales (4–6).

El enfermo terminal y los cuidados paliativos con rostro humano

La humanización alcanza su máxima expresión en el acompañamiento al final de la vida. Cuando la curación deja de ser posible, el objetivo fundamental pasa a ser aliviar el sufrimiento, preservar la dignidad y acompañar al paciente y su familia.

Los principios de los cuidados paliativos establecen:

La planificación anticipada de cuidados permite al paciente expresar sus valores y preferencias antes de perder capacidad de decisión, facilitando una atención coherente con su voluntad (7,8).

Protocolos clínicos, ética y conflicto de intereses

La medicina con rostro humano también exige un ejercicio profesional ético. Cuando las decisiones médicas se ven influidas por beneficios económicos personales, se corre el riesgo de desviar la atención del verdadero interés del paciente.

La adherencia a protocolos basados en evidencia, la transparencia y la ausencia de conflictos de interés fortalecen la confianza y favorecen una práctica más justa, segura y humana.

El respeto a las voluntades anticipadas

Reconocer y respetar las voluntades anticipadas constituye un acto profundo de humanización. Supone aceptar que el paciente es dueño de su cuerpo y de sus decisiones, incluso cuando estas difieren de los deseos del entorno familiar o del equipo médico.

La evidencia demuestra que la planificación anticipada reduce intervenciones fútiles, mejora la concordancia entre cuidados recibidos y deseos del paciente, y disminuye el estrés de las familias (7).

Inteligencia artificial y medicina con rostro humano

La inteligencia artificial (IA) se ha incorporado progresivamente a la práctica médica. Lejos de deshumanizar la atención, bien utilizada puede convertirse en una aliada para fortalecer la medicina con rostro humano.

Entre sus aportes se incluyen:

Al liberar tiempo del profesional, la IA permite dedicar más espacio a la interacción humana, a la escucha y al acompañamiento. No obstante, la empatía auténtica sigue siendo una competencia exclusivamente humana (9,10).

El valor de las notas de evolución clínicas

Las notas de evolución orientadas al enfoque geriátrico e integral son una herramienta poderosa para la humanización. Cuando incluyen información funcional, cognitiva, emocional, social y metas del paciente, se convierten en un reflejo fiel de una atención centrada en la persona.

Este tipo de documentación favorece la continuidad del cuidado, la toma de decisiones compartida y la coherencia terapéutica.

Conclusión

La medicina con rostro humano no es una tendencia pasajera; es una necesidad ética impostergable. En un mundo dominado por la tecnología, la velocidad y la complejidad clínica, volver al centro —la persona— es un acto de valentía profesional.

Se exhorta a la clase médica y al personal de salud en general a ejercer una práctica más comprensiva, empática y ética, recordando que, al final, los pacientes no solo recordarán los tratamientos recibidos, sino cómo fueron tratados.

Referencias aquí 

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