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El bebé prematuro y su impacto emocional en los padres

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Por. Angy Estévez, M.A.

Psicóloga Clínica

Presidente y fundadora de la Asociación Dominicana de Psicología Perinatal

Directora Ejecutiva del Centro de Atención a la Mujer Embarazada

El 17 de noviembre se conmemora el día mundial del prematuro y es preciso crear  espacios que favorezcan la salud emocional de los padres y exponer el impacto emocional que supone la prematuridad. Según la Organización Mundial de la Salud cada año alrededor del mundo nacen 15 millones de bebés antes de llegar a término, esta es la primera causa de mortalidad  y morbilidad neonatal e infantil, además, muchos de los prematuros que sobreviven están asociados con mayor tasa de dificultad en su desarrollo físico, cognitivo, familiar y social.

 Un bebé se considera prematuro antes de que se haya cumplido las 37 semanas de gestación, además, estos se dividen en categorías; los prematuros extremos con menos de 28 semanas, muy prematuros de 28 a 32 semanas y prematuros moderados tardíos con 32 a 37 semanas.

El nacimiento de un bebé prematuro supone un gran impacto emocional en los padres de hecho estos no se preparan para que este acontecimiento ocurra y les toma por sorpresa y este impacto sucede por la idealización de la maternidad, así como el  hijo sano grande y fuerte que pretendían tener, la fragilidad que sustentan, cuando observan la cantidad de cables y aparatos que le rodea y por la cuantiosa repercusión económica debido a la hospitalización y el cuidado que ameritan; esta carga psicoemocional y física es agotadora e incomprendida en determinadas ocasiones pudiendo precipitar el estrés dentro del sistema familiar haciendo que el proceso de adaptación del bebé a la vida se convierta en un desafío por la intensa tensión que conlleva.  

Diversas investigaciones sustentan que las madres de bebés prematuros o de bajo peso al nacer poseen síntomas depresivos más habituales y extensos, de la misma manera que los padres y cuidadores poseen ambivalencia emocional con características entre el deseo y rechazo del bebé lo que puede dificultar posteriormente el vínculo, las madres pudieran ver la maternidad como un problema y resignarse lo que pudiera alterar  su  estado de ánimo manifestando ansiedad, iniciar un proceso de duelo, angustia, ausencia de maternaje, temor e inestabilidad en general; también es posible que los padres sobreprotegen al bebé o no cuidarlo adecuadamente debido a la baja expectativa de vida que crean tener sobre el bebé y no manifestarle afecto lo que también se convierte en un riesgo ya que si la motivación de los padres solo está dirigida al estado de salud del bebé sobre todo cuando este no evoluciona favorablemente existe mayor probabilidad de abuso, abandono, negligencia y maltrato.  

Durante el ejercicio de mi profesión he constatado la angustia de los padres con bebés prematuros y estos ameritan un acompañamiento oportuno de salud mental perinatal durante su proceso, que posibilite su bienestar, pues lo habitual es que todos se involucren en el bebé obviando que sus padres también requieren exponer sus necesidades, miedos y dudas y que reciban suficiente psicoeducación,  para lograr este acompañamiento existe lo que conocemos como cuidado paliativo perinatal el cual pretende desde una perspectiva integradora a través de la contención, el cuidado psicológico, físico, social y espiritual apoyar  a los padres y relacionados durante el proceso de duelo, lograr la mejor calidad de vida para la familia, proporcionar confort y estabilidad, ayudar en la toma de decisiones, paliar el dolor, gestionar de manera adecuada las emociones, entre otros que están sumergidos en esta experiencia. 

Esta atención está dirigida a pacientes susceptibles como son bebés con menos de 24 semanas, diagnóstico de anomalía congénita incompatible con la vida, niños con enfermedades que no responden a los cuidados intensivos, bebés que pueden vivir con dependencia permanente, entre otros, sin embargo, opino que es preciso asumirlo como un protocolo de atención habitual independientemente de las circunstancias de vida del bebé, y que incluya un seguimiento continuo-cualificado-pertinente a través de la telemedicina y visitas domiciliarias, por lo menos hasta el primer año postparto, es preciso apostar a la prevención siempre.

Finalmente, la salud mental perinatal en la República Dominicana se ha establecido y nuestra institución ha generado un precedente y subsanado una importante laguna académica y pretendemos continuar otorgando herramientas que optimicen el ejercicio en salud mental desde el sector salud materno infantil por el bien de nuestra sociedad.

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