Balance 2025 Clúster de Salud De Santo Domingo: Avances Importantes, Retos Pendientes

Por el doctor Amado Alejandro Baez.

Desde el Clúster de Salud de Santo Domingo (ClusterSaludSD.org), vemos que el 2025 fue un año que obliga a mirar el sistema de salud dominicano con más profundidad que entusiasmo. Hubo avances reales e inversiones importantes. Pero también quedó evidente que el gran desafío ya no es solo construir más, sino hacer que lo construido funcione mejor, genere valor y salve más vidas y que la salud empiece a pensarse como motor de desarrollo.

Antes de entrar en balance, conviene decir algo: no hablaremos aquí del Seguro Nacional de Salud (SeNaSa). Algo muy importante, pero su discusión merece un espacio propio, técnico y específico. Este texto se concentra en el desempeño del sistema, su orientación estratégica y su impacto.

Durante los últimos años, el Estado ha realizado una de las mayores inversiones públicas en infraestructura sanitaria de nuestra historia reciente. Solo en el período más reciente, la inversión acumulada en hospitales, remozamientos, equipamiento y ampliaciones supera las decenas de miles de millones de pesos, con intervenciones en decenas de centros a nivel nacional. Esta apuesta ha fortalecido áreas críticas ampliando la capacidad resolutiva del sistema público.

Un punto relevante ha sido el desarrollo de nuevos y grandes centros hospitalarios privados en Santiago y la región norte, que hoy comienzan a consolidarse como un verdadero polo sanitario del país. Bien gestionados, estos centros no solo mejoran el acceso, sino que se convierten en plataformas de formación, investigación y atracción de talento.

Pero 2025 también deja una lección clara: la infraestructura no se traduce automáticamente en calidad. Debe acompañarse de gestión clínica moderna, procesos eficientes y equipos humanos motivados, el riesgo es repetir viejos problemas en edificios nuevos. El verdadero salto está en optimizar recursos, ordenar flujos, reducir tiempos de espera, mejorar referencia y contrarreferencia y medir resultados con rigor.

A nivel de la salud pública, el país mostró avances notables en control epidemiológico, particularmente en dengue, con una reducción histórica de casos y mortalidad respecto a años previos. Siendo una demostración concreta de coordinación optima.

De igual forma, el fortalecimiento del modelo HEARTS de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para hipertensión marca un cambio cultural relevante. La expansión del enfoque de atención primaria, con protocolos estandarizados, seguimiento continuo y control efectivo de factores de riesgo cardiovascular, empieza a rendir frutos. 

Sin embargo, hay una deuda que sigue pesando con fuerza sobre el sistema y que no puede seguir relegándose: el trauma sigue siendo el principal reto de salud pública del país. Las muertes y lesiones por choques de tránsito continúan representando una de las principales causas de mortalidad prematura, discapacidad y saturación hospitalaria. 

Celebramos la apertura estratégica de nuevos centros de trauma, pero aquí hay una paradoja dolorosa: mientras invertimos millones en hospitales, seguimos perdiendo miles de vidas por causas prevenibles en las calles. Según el programa TraumaRd.org, la ausencia de un sistema nacional de trauma plenamente articulado, que integre prevención, atención prehospitalaria, hospitales designados, tiempos de respuesta y rehabilitación, limita el impacto real de cualquier inversión. Sin una política de trauma como prioridad de Estado, el sistema seguirá siendo reactivo e insuficiente.

Otro aspecto que 2025 vuelve a poner sobre la mesa es el financiamiento del sistema. Invertir en salud no es solo construir; es sostener. Los tarifarios siguen desfasados frente a los costos reales de la atención moderna, y eso genera tensiones y vicios. Del mismo modo, la discusión sobre salarios e incentivos del personal de salud ya no puede postergarse. Si queremos calidad, estabilidad y compromiso, debemos avanzar hacia esquemas de remuneración más justos, predecibles e indexados, alineados con desempeño y complejidad. La inversión debe ser inteligente, basada en datos/ evidencia y centrada en los mejores intereses de nuestros pacientes.

Mirando hacia adelante, hay una oportunidad estratégica que empieza a tomar forma y que debe consolidarse en 2026: la industria biomédica dominicana como hub regional y eje de desarrollo nacional. La convergencia entre infraestructura hospitalaria, talento humano, universidades, investigación y sector productivo abre la puerta a un ecosistema capaz de generar empleo calificado, innovación y valor agregado. La salud puede (y debe) convertirse en un motor del PIB, no solo en una línea de gasto.

Integrar ciencia e investigación al sistema de salud es parte esencial de ese camino. La investigación clínica, la ciencia de datos, salud digital y la innovación organizacional permiten tomar mejores decisiones, usar mejor los recursos y formar capital humano avanzado. Las universidades tienen aquí un rol central, no como actores aislados, sino como socios estratégicos del sistema y de la industria.

El balance de 2025, entonces, es un llamado a madurar. A entender que la inversión debe traducirse en valor, que la calidad debe ser medible, que el talento debe cuidarse y que la salud puede convertirse en uno de los pilares del desarrollo nacional.

Si logramos integrar infraestructura, gestión, ciencia, talento e industria, 2026 puede marcar un punto de inflexión: un sistema de salud más eficiente, más justo y más productivo, capaz no solo de atender enfermedades, sino de generar bienestar, conocimiento y crecimiento para la República Dominicana.

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