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Afirman defectos congénitos causan más de 20 mil muertes neonatales al año en la región 

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En el marco del Día Mundial de los Defectos Congénitos, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advirtió que las enfermedades congénitas continúan siendo una de las principales causas de mortalidad neonatal en la Región de las Américas, pese a los avances sostenidos en salud infantil en las últimas dos décadas.

De acuerdo con datos regionales, aunque la mortalidad neonatal se redujo de 12,9 muertes por mil nacidos vivos en el año 2000 a 7,1 en 2023, las defunciones asociadas a malformaciones congénitas no han disminuido al mismo ritmo. Actualmente, más de 20.000 recién nacidos fallecen cada año en la región por estas condiciones, que representan alrededor del 22 % de las muertes durante el primer mes de vida.

En entrevista, Pablo Durán, asesor regional en salud perinatal y neonatal de la OPS, explicó que a medida que los países han logrado controlar otras causas prevenibles de muerte neonatal —como infecciones o complicaciones del parto—, las anomalías congénitas han ganado un mayor peso relativo dentro de la mortalidad infantil

Durán señaló que la brecha responde a múltiples factores. Mientras muchas intervenciones que redujeron otras causas de muerte son específicas y costo-efectivas, la prevención y el abordaje de los defectos congénitos implican acciones integrales que abarcan nutrición, vacunación, control prenatal, vigilancia epidemiológica y acceso a servicios especializados. Además, persisten desigualdades en el diagnóstico temprano y en la atención oportuna, especialmente en poblaciones vulnerables.

Entre las causas más frecuentes se encuentran factores genéticos, deficiencias nutricionales como la falta de ácido fólico, infecciones durante el embarazo —como la rubéola o el virus del Zika— y exposiciones ambientales. Aunque no todas las anomalías son prevenibles, un número significativo puede evitarse mediante políticas públicas efectivas, como la fortificación de alimentos con ácido fólico y programas de vacunación.

Las cardiopatías congénitas, los defectos del tubo neural como la espina bífida y ciertas enfermedades metabólicas forman parte de las condiciones que requieren diagnóstico temprano y acceso a tratamientos especializados para reducir complicaciones y muertes. Sin embargo, en América Latina y el Caribe persisten brechas en la cobertura del tamizaje neonatal y en la capacidad de los sistemas de salud para garantizar atención integral y continua.

La experiencia de la epidemia de Zika en 2016-2017 dejó lecciones importantes sobre la necesidad de contar con sistemas de vigilancia sólidos y articulados capaces de detectar aumentos inusuales en anomalías congénitas y responder de manera coordinada. También evidenció la importancia de integrar la vigilancia epidemiológica con la atención clínica y el acompañamiento a largo plazo de los niños afectados y sus familias.Bajo el lema de este año, “Cada viaje cuenta”, la OPS enfatiza que reducir el impacto de los defectos congénitos exige fortalecer la prevención desde antes de la concepción, ampliar el acceso a controles prenatales de calidad, garantizar diagnóstico oportuno y asegurar tratamiento especializado con enfoque de equidad y sin estigmatización.

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