6 tips para organizar nuestras metas y empezar el año sin abrumarnos

El comienzo de un nuevo año suele venir acompañado de expectativas altas, listas interminables de propósitos y una sensación silenciosa de que “ahora sí” deberíamos hacerlo todo mejor. Sin embargo, esta presión inicial no siempre se traduce en bienestar.

“Muchas personas llegan a febrero cansadas, frustradas o con la sensación de haber fallado”, explica Ana Amell, psicóloga y especialista del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña. 

Desde su mirada clínica, Amell señala que, en muchos casos, el problema no está en la falta de disciplina, sino en la manera en que nos ponemos metas. Pensar el año desde la calma, la conciencia y el respeto por los propios procesos puede marcar una gran diferencia en cómo nos organizamos y sostenemos nuestros objetivos.

1. Empezar el año escuchándonos, no exigiéndonos

Antes de definir cualquier objetivo, es importante detenernos. No todos los inicios de año nos encuentran en el mismo lugar emocional, mental o físico.

“Organizarnos no empieza con una lista, sino con una pausa”, afirma la especialista. Preguntas como:

  • ¿Cómo llego a este año?
  • ¿Qué necesito priorizar ahora?
  • ¿Qué me gustaría cultivar, más allá de lo que debería hacer?

permiten que las metas nazcan desde la autoescucha y no desde la presión externa. “Las metas que se construyen desde ahí suelen ser más realistas y sostenibles”, añade.

2. Elegir pocas metas, pero con sentido

Uno de los principales factores de desmotivación es querer abarcar demasiado. Cuando todo es importante, el sistema interno se satura y aparece el abandono.

“Una organización más amable implica elegir dos o tres objetivos centrales, aquellos que realmente impacten en nuestro bienestar”. Estas metas no necesitan ser grandiosas ni productivas en términos externos; también pueden ser emocionales:

  • Sentirte con más energía
  • Ordenar tus tiempos
  • Aprender a poner límites
  • Cuidar tu salud emocional

“No todas las metas tienen que ver con hacer más; muchas tienen que ver con sentirnos mejor”, subraya.

3. Organizar el camino, no solo el resultado

Muchas personas se enfocan únicamente en la meta final y olvidan planificar el proceso. Para la psicóloga, organizarse implica pensar en él cómo, no solo en el qué.

Algunas claves importantes son:

  • Dividir cada meta en pasos pequeños y alcanzables
  • Pensar en acciones semanales, no anuales
  • Ajustar los planes a la rutina real, no a una ideal

“Avanzar poco, pero de forma constante, suele ser mucho más efectivo que exigir cambios drásticos que no se pueden sostener”, explica.

4. Crear rutinas flexibles que acompañen

La organización no debería vivirse como una cárcel. Las rutinas rígidas suelen generar frustración cuando no pueden cumplirse.

“Una alternativa saludable es construir rutinas flexibles, que puedan adaptarse a los días buenos y también a los más difíciles”. Esto implica permitirse:

  • Modificar horarios cuando sea necesario
  • Descansar sin sentir que se está fallando
  • Retomar el camino sin castigarse

“La flexibilidad no es falta de compromiso; es inteligencia emocional”, afirma. Y añade: “Descansar también es parte del plan. Cuando no lo incluimos, el cuerpo se encarga de imponerlo”.

5. Dejar de usar la culpa como motor

La culpa, lejos de motivar, desgasta. Cuando se utiliza como forma de empuje, el proceso se vuelve pesado y poco sostenible.

“En lugar de preguntarnos ‘¿por qué no cumplí?’, es más útil preguntarnos:

  • ¿Qué me dificultó hacerlo?
  • ¿Qué puedo ajustar?
  • ¿Qué aprendí de esta pausa?”

Cumplir metas —aclara la especialista— no es hacerlo perfecto, sino seguir en el proceso con amabilidad. Organizarse no es competir ni compararse: “No se trata de copiar el ritmo de otros, sino de encontrar el propio”.

6. Revisar, ajustar y volver a empezar las veces que haga falta

Organizarse también implica revisar el camino. Las metas no son contratos rígidos, sino acuerdos personales que pueden cambiar con el tiempo.

Revisarlas de forma periódica permite:

  • reconocer avances, aunque sean pequeños
  • soltar lo que ya no tiene sentido
  • redefinir prioridades sin sentir fracaso

“Cambiar de rumbo no es rendirse, es cuidarse”, afirma la especialista.

Este año, más que correr, competir o exigirse de más, se trata de avanzar con conciencia. Respetar los propios tiempos transforma las metas en un espacio de crecimiento y cuidado, no en una fuente de presión constante.

“Tal vez hoy no necesites definir todas tus metas”, concluye, “sino elegir una pequeña acción que te acerque al año que quieres vivir”.

Y recuerda: no necesitas hacerlo todo, ni hacerlo ya. Solo necesitas seguir caminando, a tu ritmo, con más presencia y menos juicio.

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Editora de DiarioSalud, licenciada en Psicología por la Universidad de Valencia y máster en Psicología de la Salud. Especialista en el Modelo Matrix y en el tratamiento de adicciones y patologías duales, cuenta con amplia experiencia clínica abordando la ansiedad y la depresión. Su práctica terapéutica se distingue por un enfoque empático y flexible, orientado a dotar al paciente de herramientas efectivas para recuperar el control de su vida.

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