‘Reimaginando’ la medicina

 

La razón de ser de la industria farmacéutica es la investigación y el desarrollo de nuevos medicamentos que curen enfermedades y mejoren la calidad de vida de las personas, poniendo además el empeño en que lleguen a los pacientes que los necesitan. Y este propósito vive una etapa apasionante: estamos inmersos en un cambio sin precedentes en el tratamiento de las enfermedades.

En el último cuarto de siglo las muertes por cáncer se han reducido un 20%; sólo en lo que va de siglo los fallecimientos por patologías cardiovasculares han retrocedido en un 37%, y las nuevas terapias biológicas han cambiado radicalmente el curso de las enfermedades reumáticas y autoinmunes. Al tiempo, patologías como el sida han dejado de ser mortales, y otras que no tenían tratamiento eficaz, como la hepatitis C, tienen ya cura.

Descubrir y desarrollar un nuevo fármaco sólo es posible gracias a un modelo de I+D, cada vez más abierto, colaborativo e internacional, que requiere de enormes esfuerzos y una adecuada protección de la propiedad industrial a través de las patentes. Únicamente así es factible para una compañía soportar los 10-12 años de desarrollo de un fármaco, con una inversión de más de 2.400 millones de euros y un enorme riesgo, ya que sólo 1 de cada 10.000 moléculas en investigación básica se acaba convirtiendo en un medicamento.

Este modelo se desarrolla en un entorno de innovación en abierto impulsado por las compañías farmacéuticas y en colaboración con hospitales y centros de investigación en todo el mundo, lo que las convierte en las grandes dinamizadoras del tejido investigador biomédico, al invertir cada año en el mundo más de 171.000 millones de dólares en I+D, casi el 10% de la I+D de todos los sectores.

España está llamada a tener un papel protagonista. La industria farmacéutica es líder en inversión en I+D industrial, con el 20% del total. Tras cuatro años consecutivos de crecimiento, en 2017 batió el récord histórico de inversión, con 1.147 millones de euros. Y ya casi la mitad de esa inversión (47,2%) se destina a proyectos en colaboración con hospitales y centros públicos y privados de investigación.

Asimismo el 60% de la inversión se destinó a ensayos clínicos. La apuesta de la Administración, la calidad de los centros sanitarios y la alta formación de sus profesionales, la creciente participación de los pacientes y el impulso de la industria están convirtiendo a España en una referencia. Para muchas multinacionales ya es el segundo país, tras Estados Unidos, en el que más invierten en ensayos clínicos, y se confirma además la tendencia al alza de la inversión en fases tempranas, las más complejas.

El modelo de investigación que ha permitido enormes avances en el pasado y que promete aún mayores logros en la nueva era ha garantizado también el acceso de los pacientes a las innovaciones sin poner en riesgo la sostenibilidad del sistema sanitario. Ahora tendremos aún más posibilidades de perfeccionar este círculo virtuoso para seguir aportando salud y bienestar al conjunto de la sociedad.

Fuente: Efe Salud

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