Filosofía y retos de la Medicina

Por el doctor Luis Ortiz Hadad, pasado presidente Academia Dominicana de Medicina

Estamos en una era de cambios vertiginosos, en la que el futuro es más incierto que nunca. Hace siglos, lo normal era que nuestros hijos y nietos, hubiesen tenido casi las mismas condiciones de vida que nosotros. En la actualidad, es difícil predecir cómo sería nuestra existencia en varias décadas.

Las escuelas de medicina en el momento actual tienen programas de preparación extensos y un cúmulo de datos prácticamente ilimitado. Los profesores de medicina, suelen concentrarse en la tarea de hacer que los estudiantes memoricen toda la información posible, concretándose a repetirles informaciones que sus alumnos pueden leer en libros.

En esta era de la comunicación y de la información, lo más necesario es transmitir criterios, valores, capacidad de selección, vivencias, testimonios personales y retroalimentar los progresos de los estudiantes desde nuestra experiencia. Hay algunas competencias que los formadores suelen desconocer que están enseñando, como: el manejo del estrés, la capacidad de trabajar en equipo, la visión gerencial, la calidad total, comunicación vertical y horizontal.

Los médicos actualmente, no estamos en la capacidad de hacer seguras proyecciones futuras, referentes al trayecto de la Medicina. Por lo que cuando enseñamos orgullosamente lo que nos enseñaron, podríamos estar transmitiendo algo que será obsoleto en las próximas décadas. Es preferible desarrollar las actitudes mentales correctas ante un mundo cambiante.

Las terapias utilizadas por la Medicina en el presente, consisten en modificar composiciones bioquímicas del organismo, para corregir patologías. Cuando un órgano no es recuperable, sencillamente se procede a su eliminación por medios físicos o químicos. En nuestros congresos médicos, nuestros debates suelen ser si un fármaco conviene sustituirlo por otro, o con qué tipo de instrumento extirpamos a algún órgano. Los cirujanos actualmente emplean la mayor parte de su tiempo en determinar si las mismas cirugías que realizan, la pueden realizar por heridas más pequeñas. Pero el paciente preferiría mucho más, que descubramos los mecanismos para impedir que el cáncer se desarrolle, en vez de simplemente decidir cuál  es la tecnología de punta para hacerle una amputación. De forma que el mayor éxito de la cirugía oncológica, sería desaparecer.

Difícilmente, un médico muestra un mínimo interés en pensar qué podría ser la Medicina en varias décadas. En vista de la rapidez con que se están sucediendo los avances, es poco probable que pueda emitir opiniones con un nivel de veracidad, que pudiéramos considerar científicas, pero precisamente para eso contamos con la Filosofía.

Considerando los dramáticos descubrimientos que están realizando las ciencias puras, en especial la Física, los médicos deberíamos tener al menos nociones básicas de ellas, para realizar progresos substanciales en las ciencias de la salud.

Nuestra actividad mental, tiene dos funciones de enfoque que son muy valiosas, aunque contrarias. Como en todas las tendencias opuestas, podríamos localizarnos de forma radical en un extremo u otro, o desplazarnos estratégicamente, según se requiera. Nos referimos a la concentración  y a la dispersión del pensamiento. La concentración es esencial para la Ciencia y la capacidad de dispersión o visión amplia, es requerida para la Filosofía. 

Utilizando exclusivamente la concentración, el médico estaría capacitado para realizar lo mismo de siempre, con las pequeñas variaciones de siempre. Obviamente la excesiva concentración en un punto, limita las facultades de avance. Si a esto le sumamos el poseer prestigio y buenas ganancias económicas, la posibilidad de abrir la mente a opciones novedosas es poco probable. El médico docente puede tener el beneficio de que sus alumnos, al plantear preguntas inesperadas, lo muevan a cuestionar su cómoda rutina. Es importante hacer un cambio del sistema pedagógico en el que fuimos formados, al andragógico. Así, el estudiante no es aplastado por el peso de las jerarquías y tiene la opción ser escuchado y a plantear opciones que inicialmente pudieran parecer descabelladas y posteriormente geniales. Lógicamente, todo deberá pasar por el filtro del método científico y sólo permanecer los conceptos que estén debidamente sustentados por evidencias demostrables, falsables, repetibles y previsibles.

Hay un elemento que debemos tener en cuenta. Estamos más masificados y nos sometemos voluntariamente al panóptico digital. Las redes digitales realmente nos condicionan y nos fuerzan  a estar “IN”. Nos transmiten ideas tanto de forma subliminal como abiertas. Llegamos a creer que creemos, lo que otros quieren que creamos. Somos racionales, pero lamentablemente no siempre nos portamos como tales. El peso de las ideas de los demás, el miedo a lo desconocido, la pereza mental, el temor al ridículo, inevitablemente nos atan y frenan nuestro pensamiento.

El mercadeo, la propaganda y el sesgo económico, son grandes fuerzas que deforman la realidad, de manera que las verdades científicas son manipuladas según conveniencias. Pondremos como ejemplo la cirugía robótica, que aunque no existe fuertes intereses la han promocionado. Las cirugías robóticas no son realizadas por robots. Es el cirujano quien opera  y si éste no está bien entrenado, el paciente puede morir aunque el “robot” sea excelente. En realidad, el nombre correcto del procedimiento debió ser el de Tele-cirugía, ya que simplemente es un instrumento-plataforma, que permite al cirujano estar sentado a una distancia variable del paciente, con algunos algoritmos de ayuda. Los mismos cirujanos que la utilizan, advierten a los que no la conocen, de lo compleja que es esta tecnología, desautorizando su uso por manos inexpertas por los probables riesgos. La incorrección aquí no es científica, sino semántica o del lenguaje. Una actividad robótica, supone que la inteligencia artificial es quien toma las decisiones y ejecuta los procedimientos. Algunos nombres talvez no sean reales, pero mejoran las ventas. Porque un instrumento tan costoso eleva significativamente los gastos en la atención médica, ya de por sí altos, sin haber mostrado ventajas suficientes sobre las demás técnicas más económicas. Pero el concepto de “tecnología de punta”, se tiende a priorizar sobre el de “ventajas para el paciente”.

En la medida en que evolucione la Ciencia y la Tecnología, tendremos que evolucionar también y nuestros alumnos seguramente tendrán escenarios talvez muy diferentes a los nuestros. No sabemos si en un siglo, los cirujanos en vez de operar a los pacientes, serán sólo  los programadores del verdadero robot quirúrgico, o serán diseñadores de una nanotecnología que realizará las transformaciones microscópicas en el cuerpo humano, o talvez activemos procesos energéticos ahora desconocidos o entrenaremos a las personas para tomar el control de forma consciente, de sus propios procesos biológicos.

En cualquier escenario, si sobrevive nuestra especie, nuestros médicos en formación deberán ser entrenados con apertura mental, evitando la rigidez dogmática, con espíritu crítico, creatividad incentivada y perfeccionando su comunicación a todos los niveles. Formarlos para el trabajo de equipo e incentivando la capacidad de interiorización. Conscientes de que independientemente de la calidad de los equipos de que dispongan, su mejor instrumento será siempre su propia mente bien utilizada.

Antes de concluir, queremos señalar que hoy que hemos tomado mejor conciencia de los estrechos vínculos con las demás civilizaciones. Que el mundo se ha vuelto pequeño. Que comes alimentos de México, usas zapatos italianos, perfume francés, una vacuna rusa, guías un auto alemán, televisión japonesa y pasas tus vacaciones en Alaska. Que una epidemia que surja en  cualquier pueblo, puede amenazar al mundo entero y que un aporte científico o tecnológico, de cualquier grupo humano puede beneficiar a nuestra especie. Que hemos aprendido que en otra guerra mundial, todos perderíamos, mientras que el justo intercambio comercial posibilitaría que todos seamos ganadores. Hoy también los médicos, debemos involucrarnos en esa visión global de nuestro medio ambiente y comprender que la salud individual, con un hábitat destruido, es una utopía. Además de curar pacientes, es preciso comprender que debemos curar al Planeta. ¡Médico, hay cosas que sólo tú puedes hacerle entender a la humanidad!

Tomado de la publicación oficial de la Academia Dominicana de la Medicina: Archivos Médicos Dominicanos (AMED) VOL. 3, No. 3/ Diciembre 2020

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